Mi papá

 

Mi papá

Mi papá murió.  Con su muerte me abrió el Paraíso.  Cuando muere alguien a quien realmente amamos, nos abre el paraíso, porque recién entonces entendemos que es un imperativo que exista un reencuentro. Todas las teorías filosóficas mueren cuando se va un ser querido.  Ahí surge el imperativo. 

También entonces surge el inicio de una vida no material.  Esa persona descansa en uno, esperando la eternidad.  Quizás yo también descansaré en la memoria de mis hijos, y mis hijos descansarán en mis nietos.  Y así iremos formando un árbol de vida eterna, cuya semilla está en el paraíso terrenal, junto al manantial de Dios, ahí donde sembró el árbol de la vida eterna  de Dios,  en el centro de ese Edén. Y el pegamento que amalgama nuestra memoria frágil,  el ingrediente que liga todo, es Dios, el Sempiterno, nuestro Creador .  Porque somos por él.  Y eso sólo se entiende por el misticismo de nuestra Fe.  Yavé es el que es.  Nosotros somos por él, con él y en él.  No es cierto lo que dijo que la serpiente a Eva.  No somos sin él, más que un un sarmiento arrancado de la vid, que está destinado a perecer.

En este exilio, están los guiños de Dios.  Cada día construimos eternidad, cuando en él pensamos.  Mientras estamos en el timeline de la existencia, en cada momento nos encontramos con Dios. En medio del ajetreo, de la cotidianeidad.  Esa es mi fe y mi esperanza.  Sé que él me cuida.  Siento su mano invisible que me sigue, y su ángel que se sienta a mi costado.  Y sé que no soy pura, ni limpia.   Y aún así me ama y me perdona. Y está conmigo.  Dios está conmigo.  No porque yo lo merezca, sino porque él es fiel y bueno.

Esa es la vida trascendente que llevo.  Jugando a las escondidas con Dios.  Él está allí.  Siento su presencia sobrenatural, en el día, en su creación, en la belleza, en los momentos.  Mi corazón lo proyecta, y él se posa en el día, en las mariposas, en las hierbas, en las nubes, en un árbol, en las estaciones del año, en la lluvia, en la música que suena, en un arpegio, en una melodía, en una nota… ahí estás Dios en mi día a día.    Dios: Estás en mis problemas no resueltos y que no puedo resolver.  Estás en las respuestas que aún no encontré porque todavía no las has puesto en mi camino, o quizás sólo aún no puedo verlas.  Estás en mi impotencia y en mi ira.  Y en mi sonrisa en medio de la estupidez.  Reconozco el embuste que me aguijonea.  Porquesé que estás allí.  Sólo es una rabieta.  Ya pasará. 

Cuando voy al trabajo, converso con las estaciones, con el sol que se inclina cada día diferente sobre el eje de la tierra, y me alumbra en el retrovisor, como si me encandilase.  Y atravieso vidas e historias, en las fachadas y jardines.  Y entonces, veo algún árbol, y es tan bello que me persigno.  Ahí estás.  Es tu guiño.  No hace mucho me guiñabas en los chivatos, y mi alma se asombraba.   Te gusta asombrarme siempre.  Haces nuevas todas las cosas.

Pero hablemos de mi padre.  Él vive en mí.  En mis genes.  En mis dedos, en los pinceles en las acuarelas y óleos, en la mezcla de los colores, en las líneas, en las letras.   Mi papá vive en mí.   Él confía en mí.  Y un día conversaré con él.  No sé cómo será el más allá.  Pero sé que Dios me va a asombrar, como siempre.  Sé que será fantástico.  Sé que restaurará todo lo bello y pasearemos por lugares de la infancia… Sé que de nuevo estará el patio antiguo, con sus árboles y su tierra…. Sé que estarán los matorrales suburbanos, con sus habitantes antiguos, sus insectos y sus flores silvestres fragantes.  Y en el vecindario revivirán los viejos vecinos.  Todos serán muy buenos y todo lo harán bien.   Mis pies volverán a andar esos senderos. Estarán los guayabos, y todo lo malo se habrá ido para siempre.  No habrá espinas que dañen ni aguijones que hieran.  Ningún animal será sacrificado.  Toda la vecindad  vestirá ropas limpias.  Todos estarán allí, los que se han ido.  Todos sanos, restaurados, felices.  Dios completará todos nuestros intersticios defectuosos.  Volveremos a encontrarnos, Papá.   Estarán las enramadas de copas de oro.  Los mandarinales.  Y los amigos del barrio.  Todos lo que ya se fueron.  Todo volverá.  Ahí, estaremos.  En  el escenario de casa con guayabo incluido, haremos una premiación, mientras mamá en su brasero con la paila preparará choripanes, al costado.  De nuevo estará el portal del Club Acosta Ñu, al costado de la salamanca, con su laguna de renacuajos que me parecían mágicos pececillos transparentes que atrapaba en un botellón para traerlos a casa.  Todos tus hijos  estarán sanos y nunca enfermarán.  Te lo prometo papá, que así será.  Dios es tan bueno que el paraíso insulso no es lo suyo.  Él nos va asombrar.  Así será, papá.  Nos veremos.

24 de marzo de 2023


En memoria de mi padre Edgar Hugo Ferreira (10 de septiembre 1931- 16 de enero 2012)


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